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sábado, 24 de junio de 2017

Con un solo click

Vivimos en un entorno de creciente descrédito respecto al funcionamiento del sistema educativo. Es una necesidad urgente la de encontrar otro modelo que sirva de referente para el modelo educativo en España que actualmente se mueve en las aguas turbulentas de la metodología constructivista.

Lo que se entiende por "nueva escuela" es la corriente que engloba prácticas y metodologías de dudosa evidencia y resultados, con el consiguiente oportunismo ideológico que nutre prácticas de conformación de las opiniones de los alumnos. Algo que sin duda se aleja del auténtico proceder de un enseñante comprometido con la verdad y la capacidad de realización de sus estudiantes.

Abrir la puerta  a las evaluaciones externas sería una gran oportunidad para asegurarse de que el docente tiene un camino propio, exento, libre de ajustes perniciosos para el bienestar de los estudiantes.

Una evaluación uniforme para el Estado sería una posibilidad inmejorable de, no sólo evaluar la práctica y teoría de los conocimientos adquiridos, sino de alcanzar el máximo potencial de un sistema que, con pequeños ajustes, podría marcar una tendencia de futuro y apertura de oportunidades de los alumnos, tal y como se deduce del compromiso social que todo docente tiene a bien aceptar.

De momento, los datos acerca de los resultados de las pruebas de selectividad están disponibles para los profesores de centros de propia pertenencia, en muchos, al menos. La información que se facilita es de gran utilidad, puesto que, en base a los resultados, se puede comparar el índice de credibilidad de las notas obtenidas durante la escolarización. El acceso a esta información es fundamental para que el docente tenga plena capacidad para decidir la nota final, ajustada a la clara realidad y no a micro políticas internas de maquillaje de resultados, algo que desgraciadamente sucede debido a la mal entendida, y todavía peor aplicada, autonomía educativa.

Una buena opción, sería la de facilitar que, a través del programa de gestión de notas, se pudieran consultar los resultados de cualquier otro centro, preservando la identidad del alumnado. No habría lugar a desviación de resultados, ni a interpretaciones de naturaleza pseudoeducativa.

Un centro que funciona aporta buenos resultados, aunque aplique en menor o mayor grado prácticas de la nueva escuela. El que no aporta nada se desvía de la senda adecuada, buscando fórmulas de adoctrinamiento que excusan la carencia y que alejan el propósito auténtico de la escuela.

Con un solo click se podría, no sólo valorar los resultados de los centros, sino compartir prácticas que permitan crear una red de conocimiento inter centros.

Conseguir este propósito abriría puertas, nos permititía pasar la frontera, de lo que hoy por hoy se manifiesta como un tema tabú: el de las evaluaciones externas como vía de mejora de los resultados.


sábado, 17 de junio de 2017

Desde aquí, el reconocimiento y enhorabuena por el enorme esfuerzo de mis alumnos de bachillerato de este año, que han conseguido alcanzar un ocho de media en la nota de Economía de selectividad.

469

469 ha sido el número de enunciados de los exámenes de selectividad solicitados por parte de los alumnos que con esta prueba inician una nueva etapa que les abre la puerta de acceso a cualquier Universidad de ámbito nacional.

Es un hecho ya numéricamente corroborado que estamos sumidos en una dinámica de exclusión del español. Con esta cifra se demuestra la  prácticamente nula capacidad que tienen los alumnos para ejercer el libre derecho de elección de lengua de expresión. Algo que tiene como reflejo esa cifra, 469, que es un marcador del deterioro del español que indudablemente está en minoría como lengua de expresión en la enseñanza.

Es importante discernir entre lo que debería ser una posición ideológica, sometida a debate fuera de las aulas, de lo que en realidad conviene a los estudiantes.

Marginando una lengua como el español no se consigue más que alcanzar un propósito que alimenta posiciones ideológicas con las que configurar a futuros votantes, sometiendo a un escaso o nulo margen de maniobra a todo aquel que quiera hacer uso de la libertad de expresión.

No olvidemos que el catalán es una lengua que no se enseña utilizando una metodología propia de otras lenguas, como el español, el inglés o el francés, por poner un ejemplo, optando por una clara insistencia en interpretaciones propias de la historia y valores culturales incluidos en la parte de ámbito sociolingüístico, algo que claramente configura la mente de los alumnos y sus ideas políticas de futuro.

El derecho constitucional a la libertad de expresión no sólo incluye aspectos relacionados con las ideas, los pensamientos, ideologías o creencias, sino que también debería abarcar la libre elección de la lengua oficial que para la comunicación se elija.

La normalización lingüística ha tenido una trayectoria que ha dado sus frutos, llegando a crear un ámbito de exclusión del castellano, 469, que hoy en día está claramente excluido, poco o nada considerado en el ámbito educativo.

La ideología que impregna al sector es la primera y última razón por la que se produce esta situación de marginación, de restricción a las libertades, de subyugación de la lengua a un territorio. Las ideologías, el adoctrinamiento, sea cual sea su manifestación, deberían estar fuertemente prohibidos en la educación, con los jóvenes y su futuro, no se juega.

jueves, 15 de junio de 2017

Entre enseñar y adoctrinar

«A un maestro le concierne la eternidad, no puede decir dónde se detiene su influencia. De un maestro se espera que enseñe la verdad, y tal vez se haga ilusiones de hacerlo si se queda en el alfabeto o la tabla de multiplicar, como una madre enseña la verdad al hacer que su hijo coma con una cuchara; pero la moral es una verdad muy distinta y la filosofía es aún más compleja […] Un maestro […] hace de sus alumnos sacerdotes o ateos, plutócratas o socialistas, jueces o anarquistas, casi a pesar de sí mismo» (p. 320). La educación, Henry Adams, 1907.


Asumir la responsabilidad de influir a los alumnos es parte del ejercicio de la docencia, algo que singulariza, particulariza la aportación propia del profesor, como docente y como persona. La práctica docente no se limita a la asimilación de contenidos, a la elaboración de teorías, sino que es un hecho que requiere de un encuentro decisivo en la conformación del alumno en tanto que individuo.

La responsabilidad ética del profesor es parte esencial de la auténtica autoridad de éste, lo que le aproxima y da ventaja en la forma de aportar a los alumnos algo que trasciende y que también subyace a la transmisión de conocimientos. 
La responsabilidad identitaria coge especial importancia cuando el profesor a través de su saber hacer, de su forma de ser y entender el mundo, disipa tendencias perniciosas en los alumnos, les inculca hábitos, buenas costumbres, el valor de la lealtad, el merecido tributo a la verdad, lo que conjugado con la confianza en la figura que encarna el profesor, suponen un refuerzo en la identidad del alumnado que marcará su evolución y conformación como persona responsable y honrada.

Los límites son parte de la autoridad en el sentido de que ningún profesor puede ejercer influencia que aleje al alumno del referente de su familia, de sus valores e ideales.

La verdad es una interpretación de la realidad propia de personas que reúnen valores universales, especialmente el de la lealtad, la honestidad, la conducta honrada, así como el aprecio por el semejante, muy especialmente de su dignidad. 

El hecho de asumir que toda identidad es parte de la verdad puede llevar a conductas extremas, en la medida en que la identidad que proyecta la forma de asimilar la verdad lleve camuflados consigo valores, adoctrinamiento, que no coinciden con el aprecio y el respeto al ser humano. 

Es cierto que en un centro educativo, la identidad, el ideario, la misión y visión, debería suponer la preservación de valores universales que se reflejan en el servicio a la verdad. 

El alumno que aprende estos valores, se identificará de forma progresiva con sus convicciones, con el respeto, la tolerancia y la capacidad de raciocinio que le acercará a sus semejantes, lo que hará de él un buscador de la verdad como vía de plenitud de su existencia y realización personal. 

viernes, 2 de junio de 2017

Cómo cargarse la educación en 5 pasos

El escaso margen del profesor para hacer frente a la pedagogía constructivista está causando un daño en la enseñanza que se avecina de forma preocupante con el paso de los años. Las secuelas de dichos procesos de aprendizaje sobre los alumnos será pronto un hecho constatable que dejará en clara evidencia la práctica de una pedagogía que convierte a los alumnos en seres vulnerables y al amparo de una ideología tendenciosa, a la vez que contraria, con las marcadas exigencias de futuro, tanto de acceso a las universidades, como de integración en el mercado laboral.

La receta no tiene desperdicio, son una serie de pasos que se deberían tener en cuenta, a la hora de que los padres que puedan reconocerlos, estén en condiciones de reaccionar y cambiar de rumbo, haciendo partícipes de la decisión a sus hijos, por su bien futuro y capacidad de integración en una sociedad real.

La finalidad última de alejarse de la tendenciosidad ideológica que impregna el sistema educativo y que desencadena un claro sentimiento de vacío y minusvaloración que va en contra de la auténtica aportación de la escuela.

Paso uno) El ambiente que se camufla detrás de estas prácticas es el de ofrecer muchas actividades de lo más variopintas, como son la participación en proyectos de modelación de la conducta del alumno, algo que de forma eufemística viene contemplado con el nombre de "proyectos de educación emocional".
Es algo bien seguro que el que confíe en estos modelos en apariencia altruistas, verán que sus hijos se vuelven personas especialmente resistentes a los valores que se generan en el ambiente familiar. La premisa falsa de partida es la de considerar que las familias trabajan muchas horas, que el centro educativo ha de ofrecer algo más que un aprendizaje pasivo, basado en una enseñanza de conocimientos teóricos, implicando para ello, la labor de asesoramiento de los alumnos, que al vivir en un entorno de vacío afectivo en su terreno doméstico, necesitan ser instruidos, manejados y convencidos, de que la familia no es el auténtico contexto emocional, donde reservar determinadas consultas, pautas de comportamiento, valores y confidencias.

Paso dos) Eliminar cualquier signo de aprecio por la disciplina, por los usos y costumbres de la escuela tradicional, a la que se le tacha de desfasada, arcaica, retrógrada y de una exigencia desmedida, lo que desfigura las auténticas necesidades vitales del alumnado.
La alianza emocional entre los profesores y los alumnos sólo está al alcance de determinadas personas que se reservan y autoproclaman ese derecho, debido a su enorme sabiduría y aprecio por la influencia en el terreno emocional de los infantes. Algo que sin duda trasluce arrogancia y prepotencia, puesto que el profesorado fortalece de forma natural sus vínculos emocionales a través del trato y del día a día, sin tener que recurrir a la configuración del pensamiento y voluntad de nadie, mucho menos de personas que todavía están en proceso de conformación.

Paso tres) Se desdibuja la idea de capacidad académica y mérito. Esto trasciende la identidad real de la escuela, la pone a la altura de una especie de comuna de pensamiento único redireccionado por aquellos que consideran que habiendo leído un par de teorías pseudomodernas, están capacitados para busca la excelencia personal de sus alumnos en terrenos marcadamente alejados del ámbito académico.
Aprender a leer y escribir con propiedad, hacer esquemas, usar el aprendizaje memorístico, es algo ridículo y notoriamente alejado de clases más avanzadas, que gracias a lo departamentos tecnocráticos de orientación, serán salvados del enorme terror que supone la presión y excesiva exigencia en el terreno académico.

Paso cuatro) Alejar a las familias de la función de apoyo hacia el proceso educativo de sus hijos es esencial, sustituyendo el refuerzo por un proceso de exigencia externa que se refleje en toques de atención al profesor, que por su excesiva inflexibilidad, no atiende a la diversidad.
El profesor es, pues, un individuo rígido que necesita, cada cierto tiempo recibir un toque de atención externa de los padres, en muchas ocasiones alentados por la sabiduría de determinados equipos de asesores que les facilitan información propagandística y malintencionada.

Paso cinco) Por si todo lo anterior no fuera suficiente, hacer notar que el profesor está disfrazado de una más que notable mediocridad, desprestigio y falta de firmeza en un terreno abonado por las prácticas pseudomodernas que consideran que la escuela es un laboratorio donde los alumnos son sujetos sometidos al experimento y aplicación de teorías de dogmatización y configuración del pensamiento.

Las nuevas formas de manipular, de incidir erróneamente en el aprendizaje por competencias, de influir sobre los padres para potenciar la desconfianza respecto del enseñante, las prácticas emocionales de configuración de pensamiento y conducta, los sucedáneos afectivos que desvirtúan el auténtico afecto familiar, la destrucción de la disciplina, la ausencia de auténticos valores altruistas que no se alimenten de ideologías, la notoria ambición y perseverancia por dogmatizar la enseñanza, la deficiente cualificación del profesorado que se siente avergonzado y amedrentado al exceder los límites de la exigencia y de la cultura del sacrifico y esfuerzo, todo son notas que configuran una estampa escabrosa, dañina y notoriamente adulterada de la auténtica esencia de la escuela.

martes, 23 de mayo de 2017

Falsos mitos y consecuencias

La vertiente de la pedagogía constructivista que inunda el sistema educativo español parte de unos presupuestos básicos incuestionables sobre los que se sustenta su aceptación:

1-La incontrolada flexibilidad en los PEC de los centros deja la puerta abierta a gran cantidad de experimentos educativos o proyectos de innovacion educativa, así como a prácticas que nunca son comprobadas ni evaluadas, tanto por su efectividad, como por las consecuencias que se desprenden de su aplicación.

2- El alumno es considerado un ser desvalido que necesita de un sistema que le ampare, que le proteja ante la exigencia. El alumno puede facilmente adquirir traumas, es, pues, un ser vulnerable que como consecuencia de los deberes y exámenes se puede llegar a sentir desamparado. Un ambiente escolar tradicional es altamente pernicioso para el desarrollo de su personalidad, lo que seriamente dificulta que alcance una plena realización profesional de futuro.

3. La nueva pedagogía culpa al individuo, concretamente al profesor, de ofrecer contenidos curriculares, pues estos impregnan al alumno de hechos y teorías que no guardan relacion directa con su salud emocional.

4. Los padres delegan gran parte de la responsabilidad directa de sus hijos, pierden la facultad para influir en las esferas tradicionalmente desempeñadas por la familia, como son la transmisión de valores. Esto es algo que se entiende nocivo, en la medida en que potencialmente va en contra de los objetivos de las nuevas generaciones, que se consideran más evolucionadas y adaptadas al entorno social que sus padres.

Los padres pueden, sin embargo, pedir explicaciones a la institución educativa, si bien, a cambio de que no interfieran excesivamente a la hora de transmitir conocimientos y valores a sus hijos. Lo que antaño constituía el legado de virtudes de una persona, hoy está visto como algo que podría contradecir la opinión de los expertos en materia de  educación emocional.

5.El sistema educativo tradicional está desfasado, induce a desmotivar a los pequeños, les reduce a una productividad vacía, les genera daño y fracaso emocional. El profesor-orientador necesita conocer cualquier circunstancia personal, aunque ello implique entrar en la esfera de la vida doméstica del educando. 
La orientación pedagógica marca el único camino correcto para solucionar cualquier hecho, por insignificante que éste sea.

Todas estas premisas del nuevo sistema pedagógico, no se traducen en realidad en una idea novedosa del entorno del enseñante y del alumno, sino en una mera adaptación de las teorías constructivistas que ya han sido abandonadas en países con sistemas educativos mucho más avanzados que aúnan tradicionalidad con competencia profesional.

La aplicación de técnicas y experimentos de base pseudocientífica que no guardan relación con la trasmision de valores, de responsabilidad y de mejora educativa en lo que respecta a contenidos, deja huella en los que necesitan hoy si cabe más que nunca, herramientas para adaptarse a una economía globalizada y altamente competitiva.
Echar a perder un sistema educativo para dejarlo al servicio de idea fantasiosas que generan desánimo, vulnerabilidad y poca capacidad para el aprendizaje efectivo del alumnado, suponen una pérdida de control de la situación que tendrá sus consecuencias en el futuro recorrido de los alumnos.

martes, 18 de abril de 2017

Porque una Institución de enseñanza no es una fábrica de alfileres

En el siglo XVIII un notable economista llamado Adam Smith se puso a observar el funcionamiento de un fábrica de alfileres situada en Kirkaldy, al norte de Edimburgo. Al dividir la producción de los mismos en procesos, fruto de la división de la producción en tareas más sencillas, se obtuvieron unos resultados positivos que se tradujeron en un aumento exponencial de la producción final de alfileres.
Los grandes inconvenientes de esta forma de entender la productividad no tardaron en manifestarse, los empleados repetían infinitas veces las mismas tareas, condicionados por un proceso simplificado pero carente de creatividad alguna, donde la calidad y cantidad del producto venía marcada por la total ausencia de identificación del resultado con el proceso de conformación del producto. A esto se le conoce como alienación, según la terminología marxista, hoy se prefiere utilizar el concepto del síndrome del "burned out".

Los procesos de calidad que se aplican en muchos Centros educativos de la actualidad suponen un trastorno en la auténtica profesionalización del profesorado. No se trata de procesos que trasciendan la visión burocrática de la enseñanza, de hecho, restan capacidad de actuación del profesor, que se siente imbuido en procesos alejados de la realidad docente, concretamente de los procesos de evaluación y enseñanza de sus alumnos. De hecho, se constata que los centros  que mejor funcionan son los que no han cedido a las presiones de poner una placa en la puerta que podría llevar a los padres a dejarse llevar por un eufemismo que en realidad delimita la enseñanza.
Las cadenas de mando que se generan a nivel interno son de una esclerosis institucional digna de tratamiento, la burocracia da lugar a puestos que no contribuyen a la eficiencia y eficacia de una institución clave en la aportación de ideas y aplicación de procesos efectivos. El profesor no es un recurso humano, sino un humano con recursos que hay que saber integrar.
Es imposible gestionar con eficiencia una institución burocratizada, a no ser que ésta sirva para que a partir de una sucesión infinita de informes se justifiquen las labores de control que generan una maraña de autojustificaciones vacías de contenido y funcionalidad.
Sin duda, esto no es más que reflejo del abandono de la generación de un auténtico valor añadido por parte del profesor, que se abandona  a la eterna justificación del onmipresente control burocrático, encarnado peligrosamente en cargos intermedios que se justifican a sí mismos creando espejismos que no incluyen mejoras reales.
Es importante destacar que hay instituciones de enseñanza de prestigio que no han cedido a la adopción de la omniburocracia, los resultados están a la vista, nadie cuestiona a los profesores ni mucho menos el alcance de su contribución.
Quizás algún día la forma de ver la calidad trascienda lo que a todas luces no es una fábrica de alfileres.