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viernes, 2 de junio de 2017

Cómo cargarse la educación en 5 pasos

El escaso margen del profesor para hacer frente a la pedagogía constructivista está causando un daño en la enseñanza que se avecina de forma preocupante con el paso de los años. Las secuelas de dichos procesos de aprendizaje sobre los alumnos será pronto un hecho constatable que dejará en clara evidencia la práctica de una pedagogía que convierte a los alumnos en seres vulnerables y al amparo de una ideología tendenciosa, a la vez que contraria, con las marcadas exigencias de futuro, tanto de acceso a las universidades, como de integración en el mercado laboral.

La receta no tiene desperdicio, son una serie de pasos que se deberían tener en cuenta, a la hora de que los padres que puedan reconocerlos, estén en condiciones de reaccionar y cambiar de rumbo, haciendo partícipes de la decisión a sus hijos, por su bien futuro y capacidad de integración en una sociedad real.

La finalidad última de alejarse de la tendenciosidad ideológica que impregna el sistema educativo y que desencadena un claro sentimiento de vacío y minusvaloración que va en contra de la auténtica aportación de la escuela.

Paso uno) El ambiente que se camufla detrás de estas prácticas es el de ofrecer muchas actividades de lo más variopintas, como son la participación en proyectos de modelación de la conducta del alumno, algo que de forma eufemística viene contemplado con el nombre de "proyectos de educación emocional".
Es algo bien seguro que el que confíe en estos modelos en apariencia altruistas, verán que sus hijos se vuelven personas especialmente resistentes a los valores que se generan en el ambiente familiar. La premisa falsa de partida es la de considerar que las familias trabajan muchas horas, que el centro educativo ha de ofrecer algo más que un aprendizaje pasivo, basado en una enseñanza de conocimientos teóricos, implicando para ello, la labor de asesoramiento de los alumnos, que al vivir en un entorno de vacío afectivo en su terreno doméstico, necesitan ser instruidos, manejados y convencidos, de que la familia no es el auténtico contexto emocional, donde reservar determinadas consultas, pautas de comportamiento, valores y confidencias.

Paso dos) Eliminar cualquier signo de aprecio por la disciplina, por los usos y costumbres de la escuela tradicional, a la que se le tacha de desfasada, arcaica, retrógrada y de una exigencia desmedida, lo que desfigura las auténticas necesidades vitales del alumnado.
La alianza emocional entre los profesores y los alumnos sólo está al alcance de determinadas personas que se reservan y autoproclaman ese derecho, debido a su enorme sabiduría y aprecio por la influencia en el terreno emocional de los infantes. Algo que sin duda trasluce arrogancia y prepotencia, puesto que el profesorado fortalece de forma natural sus vínculos emocionales a través del trato y del día a día, sin tener que recurrir a la configuración del pensamiento y voluntad de nadie, mucho menos de personas que todavía están en proceso de conformación.

Paso tres) Se desdibuja la idea de capacidad académica y mérito. Esto trasciende la identidad real de la escuela, la pone a la altura de una especie de comuna de pensamiento único redireccionado por aquellos que consideran que habiendo leído un par de teorías pseudomodernas, están capacitados para busca la excelencia personal de sus alumnos en terrenos marcadamente alejados del ámbito académico.
Aprender a leer y escribir con propiedad, hacer esquemas, usar el aprendizaje memorístico, es algo ridículo y notoriamente alejado de clases más avanzadas, que gracias a lo departamentos tecnocráticos de orientación, serán salvados del enorme terror que supone la presión y excesiva exigencia en el terreno académico.

Paso cuatro) Alejar a las familias de la función de apoyo hacia el proceso educativo de sus hijos es esencial, sustituyendo el refuerzo por un proceso de exigencia externa que se refleje en toques de atención al profesor, que por su excesiva inflexibilidad, no atiende a la diversidad.
El profesor es, pues, un individuo rígido que necesita, cada cierto tiempo recibir un toque de atención externa de los padres, en muchas ocasiones alentados por la sabiduría de determinados equipos de asesores que les facilitan información propagandística y malintencionada.

Paso cinco) Por si todo lo anterior no fuera suficiente, hacer notar que el profesor está disfrazado de una más que notable mediocridad, desprestigio y falta de firmeza en un terreno abonado por las prácticas pseudomodernas que consideran que la escuela es un laboratorio donde los alumnos son sujetos sometidos al experimento y aplicación de teorías de dogmatización y configuración del pensamiento.

Las nuevas formas de manipular, de incidir erróneamente en el aprendizaje por competencias, de influir sobre los padres para potenciar la desconfianza respecto del enseñante, las prácticas emocionales de configuración de pensamiento y conducta, los sucedáneos afectivos que desvirtúan el auténtico afecto familiar, la destrucción de la disciplina, la ausencia de auténticos valores altruistas que no se alimenten de ideologías, la notoria ambición y perseverancia por dogmatizar la enseñanza, la deficiente cualificación del profesorado que se siente avergonzado y amedrentado al exceder los límites de la exigencia y de la cultura del sacrifico y esfuerzo, todo son notas que configuran una estampa escabrosa, dañina y notoriamente adulterada de la auténtica esencia de la escuela.

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